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lunes, 14 de septiembre de 2009

Coger la Cita: Castilla del Pino y López Ibor

Resumen

El autor defiende en este artículo que la mayoría de los psiquiatras españoles mantienen una conducta de Disociación Cognitiva hacia Castilla del Pino. La disociación se construye por una visión hagiográfica de la biografía de Castilla del Pino que lleva a aclamarlo como maestro de vida frene a un desconocimiento y desuso de su teoría en una práctica clínica Practica más consonante con la obra de López Ibor que afirmo la base depresiva de las neurosis y la psicosomática. El autor trata de remediar esa disonancia mediante el resumen de la obra de Castilla del Pino y la recomendación de su práctica.

Palabras Clave: Castilla del Pino, López Ibor, Psicosis, Connotación, Denotación Adiacritica.

La percepción de lo Real Histórico en términos de Narración Familiar es una operación ideológica habitual y cotidiana sobre la que nos advierte Zizek1. Mediante ella un conflicto que enfrenta grandes fuerzas históricas se reelabora desde las coordenadas d e un drama familiar como rutina cotidiana. Con ello la Historia se transforma en la Memoria de una especie de carrera de relevos. Cada generación deja a la siguiente unas tareas que debe asumir o eludir con parsimonia o urgencia, al tiempo que elige categorías teóricas en que enmarcar esas prácticas sociales.

La generación psiquiátrica del 68 es un claro ejemplo: el problema central deja es ser la locura para centrarse en el escándalo del encierro de esa locura y “echar abajo los muros de los asilos” fue la tarea urgente que entusiasmó a esta generación.

Coger la cita que la historia nos deja exige también elegir maestros .De nuevo ese tiempo del 68 nos da buenos ejemplos: Franco Basaglia2 a pesar d e la pobreza de su de su obra teórica se constituye en el héroe cultural de la generación porque apenas con un par de conceptos –los constructos psicopatológicos como Dobles creado por el encierro ,la autogestión como cura por recuperación de la identidad arrasada por la institución total-,recluta a los mejores de esa generación para la Reforma Psiquiátrica

Tras el éxito y la des-institucionalización de los pacientes la persistencia de la misma sintomatología defectual con exigencia de rehabilitación psicosocial, junto a la invasión de las consultas por objetos psiquiátricos mal identificados que abarrotan las consultas, plantea a las nuevas generaciones psiquiátricas el dilema tanto de coger o eludir la citas que le impone la historia -ceder o rechazar la psiquiatrización y búsqueda de ventajas por la multitud– como de elegir teoría y con que enfrentarla .

Elección que desde luego puede estar ofuscada por la ideología y la falsa conciencia. Carlos Marx llamaba Idiotismos Profesionales a las falsas ideas de los profesionales llenos en infatuación que pretendían en el caso de los jueces esta aplicando el derecho natural justificado en latinazos cuando con sus practicas y sentencias defendían los intereses de la naciente burguesía .

Algo de esa falsa conciencia define a mi juicio las prácticas de la psiquiatría progresista española que tras su integración en la gestión política y la politiquería administrativa que intenté describir en De Conspiradores a Burócratas practica la razón gerencial y confunde las teorías que sustentan sus prácticas.

Del Congreso de la AEN en Bilbao

Trato de resolver en este escrito la curiosa paradoja que sentí durante un reciente Congreso de la Asociación Española de Neuropsiquiatría: en su sesión de clausura se nombraba socio de honor a Castilla del Pino y su emotivo elogium culminó con una interminable ovación y mi sincera impresión de que, para la mayoría de los presentes, Castilla del Pino era un héroe cultural. La segunda observación que construye la paradoja consistía en que preguntando a cualquiera de los presentes sobre si empleaba en su práctica clínica alguno de los conceptos psicopatológicos de Castilla del Pino, la respuesta negativa fue generalizada. La ignorancia de preconceptos impedía entender un chiste con la definición de Connotación que había hecho Bertrand Russel en unas emisiones radiofónicas sobre como Yo soy un explorador sexual, Tú un promiscuo y Ella una puta, denotaban el mismo hecho. Replicar la experiencia esta al alcance de cualquier lector: pregunte a cualquier psiquiatra que se confiese admirador de Castilla si le puede explicar en que consiste el Análisis Judicativo de la Conducta o que significa Denotación Adiacritica. Presumo que la ignorancia de ambos términos que cualquier lector que termine estas líneas puede manejar es generalizada en la psiquiatría española

Esa paradoja que disocia la practica profesional de los valores y la ideología confesada, admite otra vuelta de tuerca. Cualquiera de los socios de la AEN que homenajeaban a Castilla y creen ejercer su práctica con un modelo “Bio-Psico-Social”, denostaría la obra teórica del profesor López Ibor como anticuada y espiritualista, juzgándole además como el psiquiatra del franquismo. Sin embargo sí se le preguntase a los tales psiquiatras como tratan a los 15 pacientes que tienen que ver cada mañana en su Centro de Salud con quejas variadas y menores, contestarían si son veraces, que aunque los diagnostiquen de ansiosos, fóbicos, obsesivos, funcionales, todos ellos saldrán de su consulta con la prescripción de al menos un antidepresivo (no es raro salir con más de dos). Por ello en la práctica el paradigma, el supuesto implícito que guía esa prescripción universal de antidepresivos-ansiolíticos para cuadros que van desde el Ataque de Pánico al Dolor Fibromiálgico está en concordancia con la hipótesis central de López Ibor sobre las neurosis como enfermedades del ánimo, que afirma una depresión presente en todas las Reacciones Vivénciales Anormales o aún en los Trastornos Psicosomáticos como Equivalentes Depresivos.

Desde luego que el cumplimiento del viejo deseo del tirano de dejar las cosas atadas y bien atadas no es exclusivo del campo psiquiátrico y los huevos de la serpiente nacen por doquier, pero la falta de reflexibilidad y la falsa conciencia del gremio convencido de lo progresista de sus practicas “reformistas” si parece especifico de una profesión tan necesitada de aclararse como la l psiquiátrica.

De ahí mi interés por tratar de recapitular la relación de la obra de Castilla del Pino con la historia de las practicas psiquiátricas españolas de su tiempo empleando el encuadre marxista que él propone durante su etapa centrada en lo social (antropológico-dialéctico), analizando esa relación de producción-recepción como un juego dialéctico entre la obra de Castilla, la situación de la psiquiatría española en dos etapas franquistas y una democrática contrastándola con los valores que determinaran la práctica de esas tres generaciones psiquiátricas.

Ordenar y resumir una obra tan basta como la de Carlos Castilla se benefició en mi caso de reconocer deuda de lector tanto con Castilla del Pino que ha epitomizado con carácter didáctico toda su obra, como con las ya abundantes trabajos que hacen excelentes paráfrasis de su obra. Especialmente endeudado se encuentran este articulo con la tesis doctoral3 de Díaz Patricio, cuyo texto admito haber saqueado sin piedad para escribir estas líneas.

La psiquiatría como práctica extemporánea: La psiquiatría es sin duda la práctica curativa y la actividad teórica postmoderna que más contradicen la hegemonía de los tópicos weberianos sobre la vocación científica. Para Weber la ciencia o el científico moderno debe renunciar tanto a cualquier deseo fáustico de saber general como a constituirse en maestro de vida o dador de sentido a la existencia. Debe conformarse, si tiene éxito, con descubrir de forma efímera un pequeño mecanismo de las leyes naturales o sociales que el propio progreso convertirá en anticuadas al poco tiempo de ser formuladas.

La psiquiatría y cada psiquiatra incumple con sus teorías y prácticas esos asertos acercándose peligrosamente la figura del demagogo o el profeta tan denostados por Weber. El psiquiatra promete descubrir las verdades ocultas en el interior del paciente con quien pretende descubrir un sentido vital trascendente al banal politeísmo que constituye la vida real: descubrir el daimon particular al que entregarse como vocación mundana y cumplir con el deber profesional, que la ascética capitalista exige.

Expresión de ese consentimiento con la demagogia que se visualiza en la profunda psiquiatrización que sufren las sociedades postmodernas. Ceder al papel asignado por el estado y a la demanda que repite cada paciente que acude a una consulta psi en búsqueda de soluciones medicas a su malestar cotidiano, supone que cada psiquiatra ejerce de maestro de valores, enseñando a vivir de acuerdo con los dudosos saberes ofrecidos por las psicoterapias que compiten en el mercado del consuelo

Práctica psiquiátrica que cuando cumple el mandato social de ser el coche escoba que recoge y da respuesta los malestares que no tienen respuesta en otras agencias sociales del bienestar practica el Papel del Místico que ofrece valores mezclados con ciencia. Práctica que Weber denuncia como deshonesta porque disfraza como ciencia en la cátedra, la consulta o la tribuna política lo que debía predicarse desde el púlpito o el confesionario.

El psiquiatra weberiano debe curar lo que sepa, pero no aconsejar caminos vitales que supongan privilegiar un valor sobre otro: esa tarea trágica de elegir uno de los muchos dioses resucitados por el capitalismo y seguirlo para cumplir el deber profesional o ciudadano. Frente a la religión esa es el dilema individual y la paradójica elección que el individualismo no social exige: el deber egoísta de elegir amo4.

El Diletante es la otra figura denostadas por Weber a la que se aproxima el psiquiatra contemporáneo. Weber ve en el diletante un anacronismo que sueña con resucitar a Goethe sin percibir que nadie puede aspira en modernidad a vivir como Noe y morir tranquilo “saciado de todo los saberes y los días”. El científico debe comenzar por purgar ese deseo y auto limitarse como especialista de un pequeño territorio del saber. La psiquiatría es de todas las prácticas médicas la que pretende ese saber total y en complicidad con una población servil5 a la búsqueda de maestro-amo ejerce en nuestros días el rol de metomentodo y sabelotodo. El psiquiatra aparte de tratar locos como médico, escucha como un cura, enseña como un pedagogo y aconseja a normales en asuntos tan dispares como en la mejor manera de superar la crisis económica, armonizar su familia o gozar de un sexo sano.

Castilla es plenamente consciente de ese deseo fáustico, comprobable leyendo lo polimorfo de los temas en el listado de sus publicaciones o confesado sin problemas en una entrevista “Me he pasado buena parte de mi vida en una actitud ambivalente respecto a lo que se denomina dedicación: por una parte comprendo la necesidad de monopolizarse y vivir exasperadamente inmerso en una sola. Por otra me ha sido totalmente dejar pasar una buena parte de la realidad y sus versiones -el libro, el cuadro, el paisaje, la gente sin tratar de saber de ella como espectador“

Otro rasgo evidentemente antimoderno de la psiquiatría cuando en ella se inicia Castilla del Pino es su carácter de Ciencia nacional y su división en escuelas. Frente al universalismo clasificatorio de cualquier especialidad medica, la psiquiatría hasta la reciente hegemonía de las clasificaciones de genuino sabor americano tipo DSM, se articulaba en unas Escuelas Nacionales que permitían que en Francia existan unos trastornos delirantes llamados Bouffes no reconocidos en ningún otro lugar o en Inglaterra se trataban Depresiones Neuróticas no aceptadas por la el resto de la comunidad científica repitiéndose la historia en EEUU con las Esquizoneurosis.

En idéntico sentido la palabra psiquiatra necesita ser calificada, por ejemplo de psicodinamista-organicista-sistémico, en contraste con cualquier otra especialidad médica donde existen paradigmas normativos. Ejemplo de esa carácter premoderno de la practica viene expresado por la dificultad para saber quien puede ser titulado como psicoterapeuta o psicoanalista más parecida al sistema gremial que al sistema de titulación de un estado moderno.

Un Neuropsiquiatra en el Franquismo

Un joven científico que como Castilla del Pino que inicia su carrera y publicaciones en la España de 1946 está determinado tanto por esos condicionamientos generales de la psiquiatría con aspiraciones de ciencia natural y práctica socio disciplinaria, como por el estado de excepción permanente impuesto por el franquismo .

La primera identidad anacrónica que podemos rastrear en esta primera etapa del oficio en Castilla del Pino es la de Neuropsiquiatra: neurología-psiquiatría no son dos prácticas claramente diferenciadas en España y a pesar de la evidente contradicción entre la escucha del discurso y la tinción de estructuras cerebrales, ambas actividades se disputan el tiempo y la praxis de nuestro joven investigador. Por ello nos encontramos que Castilla del Pino publica en estos años desde artículos sobre histopatológica “Método del Cromato de Plata amoniacal para la impregnación de neuronas y axones de los centros nerviosos” (1953) hasta un articulo de tema tan existencialista como “El concepto de gravedad en Kierkegaard” (1950). Esta práctica lleva a Castilla por ejemplo a colaborar con el neurocirujano S. Obrador6 en la evaluación de las capacidades cognitivas de un joven de 29 años operado de un tumor cerebral, dotan a Castilla como veremos de una sólida capacidad de juicio para no dejarse deslumbrar en nuestros días por modelos neuropsicólogos con gran fama del estilo Damasio que creen descubrir mediterráneos al denunciar el Error de Descartes y promocionar un modelo virtual de la realidad.

La aparente contradicción entre los intereses anatomoclínicos y los existenciales hace referencia no solo a una doble admiración de Castilla por Cajal y Jaspers sino a una practica medica típica de este primer franquismo, dividida entre una asistencia a los pobres en los hospitales clínicos o consultorios de caridad donde únicamente se atendían pacientes graves, con enfermedades somáticas aplicándoles métodos físicos y una consulta privada donde, excluido el psicoanálisis como práctica judía-cosmopolita, solo el diálogo existencial podía dotar de una cierta profundidad al diálogo terapéutico.

Junto a la mezcla de práctica neurológica y la psiquiátrica, Castilla tiene que enfrentar la elección personal entre los dos mandarines que se disputan la hegemonía y el poder para facilitar o impedir carreras universitarias en ese tiempo de franquismo duro y que no son otros que Vallejo Nájera y López Ibor.

López Ibor es por entonces el perdedor de esa pugna por el poder de influencia universitaria -tarda 20 años en obtener una cátedra de psiquiatría presentándose en cada convocatoria- tanto por su ideología monárquica como por su modelo psicopatológico centrado en la fenomenológica: por él se decanta sin ninguna duda la alianza universitaria de Casilla del Pino. Lo mísero de aquellos tiempos queda reflejada en algunas anécdotas reflejadas en las biografías respectivas7 donde López Ibor le regala 500 pesetas a Castilla para que sobreviva unos días más en Madrid e ir a una reunión o le proporciona un trabajo de interno en la clínica privada del Dr. Esquerdo y que pueda salir de unas pensiones del Madrid de Baroja para comer o dormir con unas mínimas comodidades.

Pero junto a esa función de supervivencia, la alianza con López Ibor me parece que marca una primera etapa en Castilla de resistencia-oposición al franquismo entonces dominante representado por Vallejo Najera8que en su papel de jefe de la sanidad militar, católico ultramontano - tomista y admirador de Wagner, caricaturiza las virtudes del franquismo de posguerra que había desmantelado las diversas escuelas psiquiátricas de la república. Lafora y Mira López se exilaron. Sacristan fue marginado de sus puestos. Cuando López Ibor fue nombrado encargado de cátedra de la Facultad de Medicina de Madrid, algunos de esos personajes que representaban los restos del naufragio fueron recogidos allí y frecuentados cordialmente por Castilla del Pino que ya entonces se consideraba como alguien que recogía el testigo de aquella psiquiatría republicana (Llopis, Olivares, Manuel Peraita, Olivares considerado por Castilla su mentor de aquellos años) para continuar sus valores en un futuro cercano.

Por otra parte la fenomenología ,el existencialismo o el Kreapelianismo representaban entonces ideologías de progreso frente a una psiquiatría teorizada por Vallejo como las alteraciones de las funciones del alma propuestas por Sto. Tomás y unas prácticas disciplinarias ejercidas directamente por la psiquiatría al servicio del estado nacional-sindicalista Vallejo Najera aporta junto a sus disparates sobre el descubrimiento de diversas locuras en los prisioneros de guerra rojos o la herencia patológica de una vulnerabilidad al marxismo de los internacionalistas, manuales sobre la simulación de enfermedad mental que eran verdaderos instrumentos de descubrimiento-tortura policial.

Su peculiar concepto de la higiene mental que trataba de conciliar la eugenesia darwinista nazi con el nacional catolicismo le llevó a crear estructuras disciplinarias del estilo del Patronato de Protección a la Mujer donde se juntaban policías, beatas y psiquiatras, en un panotoico de vigilancia y control de la mujer que se iniciaba con la vigilancia moral de cines o bailes y podía terminar en correccionales tutelados por monjas con unidades manicomiales para las irreductibles9 .

Jaspers señala al final de su Sicopatología –seguramente el libro de cabecera de Castilla en esta época- la diferencia entre Psiquiatras de Cátedra y Psiquiatras de Manicomio-vale también psiquiatras-alienistas franceses versus alemanes– argumentando a favor de la cientificidad y el rigor de lo universitario (el propio Jaspers renuncia por sorpresa a la dirección del Psiquiátrico de Heidelberg). Castilla tampoco duda en elegir, la vocación universitaria que le va a comprometer durante años en un sistema de alianzas perversas con López Ibor y le va apartar del análisis de la producción del saber manicomial sobre la locura. Como tratare de razonar mas adelante, esta opción universitaria va a separar a Castilla de los intereses centrales de la generación psiquiátrica de los 70 por la transformación de los manicomios, que género un cierto desinterés por la sicopatología de Castilla valorada como académica y poco útil para esa lucha antiinstitucional.

De cualquier forma lo fructífero de las publicaciones de Castilla en esta primera época resulta sorprendente y explica su actual reserva de saber, acumulado desde este periodo Neuropsiquiátrico. A pesar de esa confusión de campo neurológico y psiquiátrico Castilla no se decanta por un modelo reduccionista de lo mental a lo cerebral. Ni siquiera es su tesis doctoral sobre Fisiopatología de la Visión Óptica que prolonga su deseo infantil de continuar a Cajal, la explicación etiológica totaliza ni anula la comprensión de la enfermedad mental. Sin duda la inteligencia de Castilla le libra en estas primeras publicaciones del reducionismo generalizado de sus compañeros de generación y en un interesante trabajo sobre el Deliriun Tremens Alcoholico resalta Castilla del Pino como el origen físico del trastorno no determina el contenido de las alucinaciones cuya genealogía hay que buscar en el mundo vivencial del sujeto.

A mi juicio el trabajo que mejor resiste el paso del tiempo de esa época y que todavía sirve actualmente para la formación de cualquier psiquiatra, es la evaluación que Castilla hace del gran adelanto científico de la época: la introducción de los neurolépticos en el tratamiento de las psicosis.

En ese escrito Castilla describe como contribuye la cura neuroléptica a desmontar la estructura profunda del delirio .En ese trabajo titulado “Para la Psicopatología de la Remisión Esquizofrenica” analiza Castilla con gran detalle como desaparecen los síntomas sicóticos según una pauta evolutiva que va desde la debilitación de la certidumbre en la idea delirante, hasta su degradación en un recuerdo delirante desvitalizado con más o menos conciencia de enfermedad.

Contemplados a posteriori otros tres trabajos psicopatológicos de la época anticipan las posiciones del Castilla del Pino actual El primero es un comentario a un texto jasperiano sobre el Delirio Primario donde Castilla insiste en el carácter de alteración formal del pensamiento como clave del delirio, al enfatizar la atribución de una significación anormal a una percepción como base psicopatológica del delirar.

La” prolepsis”, la significación apriorística del sujeto sobre la realidad, es lo alterado en el delirio que pertenece por ello “a las alteraciones de la función de significación”.

En segundo lugar la integración de los Juicios de Valor en la evaluación psicopatológica y la importancia de lo ético para el análisis de la conducta se inicia ya en esta época con un texto sobre la Ética Equivoca (1960). En él Castilla afirma como las posiciones éticamente ambiguas posibilitan la inadaptación, anticipando asó sus posteriores argumentos sobre la culpa depresiva como reflejo subjetivo del estar llevando una mala vida característico de la depresión.

El tercer trabajo reseñable como germinal de esta época es el titulado Para una Socio- génesis del Resentimiento (1961) donde oponiendo este sentimiento a la envidia lo evalúa como una afecto constructivo que permite perseverar en buscar salida a la impotencia. Si se recuerda que la ideología franquista de la época veía al proletariado o los derrotados de la guerra civil como el colectivo de los resentidos, en el elogio de Castilla hay una valiente postura de pertenencia a ese mundo d e los vencidos.

La ruptura con López Ibor10 por su vergonzosa claudicación ante las influencias de López Rodó y Pérez Embil en la exclusión de Castilla como catedrático de la Universidad de Salamanca marca el final de las ilusiones de conseguir integrarse aunque fuese a contracorriente en la elite intelectual del franquismo.

Fundamentos de una Antropología Dialéctica

Es el subtitulo de un Estudio sobre la Depresión que marca un cambio profundo tanto en la obra de Castilla del Pino como en la proyección publica de su autor .La obra es recibida como un manifiesto de psiquiatría de izquierda por la inane oposición intelectual de la época. La tristeza vital como sentimiento corporal, como algo que nace del cuerpo, se siente en el cuerpo y debe ser tratado con medicamentos para el cuerpo era la eterna cantinela de López Ibor. Romper con ello y de paso con todo el discurso de la Razón Vital Orteguiana llevó a Castilla al abandono del método fenomenológico existencial que complementaba el organicismo de su etapa neuropsiquiatrita. La critica al análisis existencial se explicita en la critica al libro de Luis Martín Santos sobre el tema donde Castilla lo califica como metodología agotada, que termina en un solipsismo que atribuye finas vivencias a un paciente que expresa con toscas frases sus sufrimientos o atribuye formas de ser en libertad a personas determinadas en su conducta por la miseria franquista.

La deriva hacia la izquierda de Castilla procede tanto de este despertar teórico con un interés por la sociología que incluye desde el joven Marx a Merton como de su nueva práctica en el Dispensario de Higiene Mental de Córdoba donde desde 1949 observa como la sociogenia, la clase social y la pobreza son las que generan sin excesivas mediaciones el sufrimiento de muchos de sus pacientes que no encajan por el contrario en las metáforas(“la angustia es la sotura entre alma y cuerpo” L.I.) que permitía la distancia de observarlos en un hospital universitario. Castilla junto a esa doble ruptura con la psiquiatría de cátedra y la fenomenología se acerca a posiciones políticas comunistas integrándose en los círculos intelectuales de la conspiración antifranquista y amistando con algunos de sus lideres como Pradera o Enjuto que lo definen ya como “EL” psiquiatra antifranquista.

La Nueva Psiquiatría11 de Castilla del Pino se caracterizara por la integración de lo sociológico, lo psicodinámico y lo psicosomático en una explicación antropológica del objeto psiquiátrico que llamara del Sujeto en Situación. La antropología dialéctica es la versión española de una tendencia mundial hacia el freudomarxismo como método que aporta una ampliación de la atención psiquiátrica hacia objetos científicos anteriormente desatendidos-la fenomenología pedía poner entre paréntesis la realidad para observar el flujo de conciencia- que permiten a Castilla formular una Teoría de la Motivación del Sujeto Enfermo que amplia radicalmente los aportes de la retórica elección vital de un sujeto flotante y libre d e lo social como existente enfermo.

La dificultad de captar directamente al Sujeto tanto en sus determinaciones por la situación, como las actitudes con los otros, determina posteriormente el abandono por Castilla del sujeto como objeto de la psiquiatría y su substitución por a conducta Conducta entendida como significativa y alejada del reduccionismo del mismo nombre, al introducir Castilla en su definición al componente ético como el determinante de las acciones humanas. La decisión ante un conflicto supone una valoración de las opciones que plantea la realidad subjetiva coloreada siempre de buena o mala. La situación pasa a ser por ello no lo objetivo sino lo valorado: una realidad evaluada desde la ética por el sujeto insertado en su grupo social.

De ahí la necesidad de elaborar una Teoría del Valor. El concepto de valor que asume Castilla esta tomado de Ayer y coloreado a posteriori por aportaciones del freudo marxismo que acentúa los aspectos sociales del juicio de valor que reafirma el subjetivismo-constructivismo del valor. Según ese modelo las oraciones estimativas, cuando afirmamos la bondad de una acción, no añaden ninguna información sobre el objeto sino que explicitamos el deseo de que otro haga lo que elogiamos. ”Es bueno lavarse las manos” significa para Ayer que a mi me gusta lavarme las manos y que desearía que mis escuchantes también se las laven.

Castilla no percibe la catástrofe moral, la abolición de cualquier definición de virtudes y la licuación de todo vinculo social que inicia esa teórica imposibilidad para definir bueno en el hombre12. Para el relativismo si bien puedo decir que este hombre es un buen relojero si arregla bien los relojes, resulta imposible decir que fulano es un buen hombre si ha pasado por su ciclos vitales cumpliendo bien con sus deberes de niño, trabajador, padre ,ciudadano porque el concepto de Bueno para el Hombre es para este freudo-marxismo una proyección instintiva o un fetiche de los valores de intercambio social .Castilla llega afirmar que la consideración del valor como una propiedad del objeto es una ilusión que en ocasiones conduce a lo paranoide o en todo caso constituye un fetiche libertario producto de la ignorancia del sujeto sobre la genealogía de sus juicios de valor.

La noción de Culpa, central en su teoría sobre la Depresión, aparece definida por Castilla de este tiempo en relación este eje axiológico de los valores que comentamos. Culpa es “pesar por un hacer indebido que provoca una lentificación de la vivencia temporal y una dificultad de actuación secundaria a un temor a reincidir en la falta”.

La culpa supone una Desvalorización del Self por el juicio negativo de los otros, que al interiorizarse degrada la autoestima. Por ello la culpa tiene un papel moralizador: evita el egotismo, al hacernos dependiente del juicio de los otros para conservar nuestra identidad. Castilla en ese sentido aproxima las vivencias vergüenza-culpa que según Weber separaban las culturas de oriente-occidente al reafirmar su interrelación

Respecto a la Tristeza en la Depresión, según nuestro autor, estaría provocada por la pérdida de un objeto esencial para nuestro narcisismo: el duelo por la pérdida de algo valioso y el sentimiento de pobreza por la pérdida es el antecedente necesario de la tristeza-depresión.

Gracias al análisis de la culpa y el duelo, todo adquiere orden en puzzle del síndrome depresivo inexplicado hasta entonces como emergencia de lo absurdo o presentimiento de la nada13 en lo cotidiano. La angustia lejos de lo metafísico expresaría el miedo a ser efectivamente culpable de la perdida de objeto y la inhibición psicomotriz estaría al servicio de la evitación de una actuación futura que repitiese la acción culposa. Incluso la Ideación Suicida adquiere sentido adaptativo, al representar la culminación del proceso depresivo cuando cristaliza la desesperanza y desaparece la posibilidad de dar un nuevo sentido a la vida: poner punto final parece menos terrorífico que una vida vaciada de proyecto existencial.

El yo alienado por la depresión es por tanto aquel que no logra conocer y actuar con unas actitudes adecuadas para lograr hacer lo que debe en la serie de situaciones que articulan su vida cotidiana. Depresión es el nombre del fracaso en la lucha por una auto evaluación positiva del si mismo, de una perdida del proyecto vital que arroja al sujeto en la desesperanza y el tedio que cancela la esperanza de cambios futuros.

Al tiempo el estudio de las fantasías depresivas, genera el interés intelectual de Castilla del Pino por el mundo onírico. Trabajo limitado en principio al imaginario que expresa las actitudes dominantes en los distintos periodos de la depresión, al análisis del contendido de los sueños como proyección, se amplia a posteriori y permite a Castilla del Pino desarrollar una original interpretación de las proyecciones provocada artificialmente con el Test de Apercepción Temática. Estudios que inauguran su evolución hacia el estudio de la hermenéutica del lenguaje.

También por esta época formula Castilla del Pino, en oposición a la falsa promesa de potencia terapéutica de la psiquiatría académica que promete curarlo todo, una modesta Teoría de la Cura. Una psicoterapia dialéctica proporciona al sujeto una nueva invisión sobre sus errores entre juicios de realidad -juicios de valor y trata de que reevalué en su contexto lo que quiere hacer – ser (su proyecto) confrontándolo con lo que es y puede hacer realmente.

Castilla del Pino afirma al tiempo el carácter de prótesis conductual de los psicofármacos que una vez indiciados raramente se pueden abandonar: idea que de nuevo contrasta con la tesis de L.Ibor sobre el carácter curativo de los antidepresivos que normalizarían el flujo afectivo alterado d e las neurosis. Castilla afirma también la modestia psicoterapeutica y la dependencia del éxito en la psicoterapia más de la potencia del objeto, de la capacidad de invisión y auto reparación del proyecto del paciente que del saber hacer o la potencia del terapeuta que debe tomar conciencia de sus limites y desechar todo sentimiento de omnipotencia curativa.

Un desencuentro Generacional: los azares de la historia.

Aparentemente todo el aparato teórico freudo –marxista desarrollado por Castilla del Pino coincidía con el espíritu y las necesidades de una generación que desde los Pronunciamientos estudiantiles de California en el 68 enfrentaba la lucha contra la alienación como misión histórica evidenciado por el eslogan: lo mental es político. Nada más ejemplar de esa adecuación de Castilla a la situación que sus Patografias donde unos síntomas con aparente causa intima - ansiedad ,impotencia sexual- eran detalladamente explicados como productos de enredos en la crianza familiar y conflictos con los valores dominante.

Pero por uno de esos azares de la temporización histórica ese encuentro de una generación con su maestro intelectual no se produce porque los problemas centrales que la psiquiatría critica española elige enfrentar en los años 70 ya no son la Locura y sus mediaciones sociopolíticos sino el Manicomio. Un texto fundacional de Franco Bassaglia –La Enfermedad y su Doble-patentiza ese giro en las tareas históricas de la psiquiatría crítica. Según Bassaglia14 las formas de locura que conocemos y describe la Sicopatología no son sino el Doble producido en el manicomio de una enfermedad que en estado puro desconocemos. De la misma forma que en los zoológicos se generan unas conductas animales fruto del encierro, distintas de las reales en su vida salvaje, las catatonias descritas en los textos psicopatológicos desaparecieron fuera de las unidades cerradas de los asilos. Cuando un pabellón de agresivos era cerrado, la conducta agresiva de los ahora internados en unidades normales decrecía drásticamente: la agresividad era una profecía autocumplida. Foucault historió la locura en idéntico sentido de forma tal que nunca más la reducción fenomenológica se recobró.

El viejo lema surrealista “familias os odio” reapareció en el análisis de la familia “normal” 15como fabrica de alienación que practicaba la antipsiquiatría inglesa en los 70. Su insistencia en los dobles vínculos y los nudos comunicativos generadores de una enajenación de la vida en familia explicaban la crisis de identidad del futuro psicótico. Eran esas situaciones de elección imposible las que la psiquiatría etiquetaba como enfermedades para preservar la vida familiar16. Descripción tan sesgada del horror familiar cotidiano que contribuía a cerrar el movimiento antiinstitucional a dilemas “reformistas” de análisis individuales o técnicas psicoterapéuticas para apuntalar unas relaciones de parentesco que es preciso destruir y sustituir por relaciones comunales no basadas en la autoridad o la tradición

El análisis de Goffman17 sobre las Instituciones Totales (manicomios, cuarteles, conventos) como fábricas que destruyen la individualidad y producen-imponen una Seudoidentidad Institucional(el loco, el soldado) a la medida del dictado social apuntalan una teoría negativa sobre la locura que determinaba una consigna clara :hasta que no se derribasen los muros de los manicomios cualquier sicopatología era una ficción y su estudio una traición que robaba tiempo a las urgencias de la militancia.

Este desajuste entre los psiquiatras críticos (por primera vez mayoritarios en los centros desde la República) con el pensamiento de Castilla del Pino pudo ser visualizado en un Congreso de la AEN celebrado en Valladolid en la década de los 70. Allí nuestro autor encabeza una candidatura que se propone comprometer ese movimiento en dirigir esta prestigiosa institución para convertirla en un foco de saber crítico y oposición a la dictadura. Parecía una postura evidente ya ensayada con éxito por todas las “fuerzas de la cultura” que se movían en la orbita del Partido Comunista Español.

Posición contestada por un aparentemente débil y desorganizado grupo antipsiquiátrico encabezado por Ramón García que afirmaba la necesidad de no “enfangarse” en políticas de participación en instituciones democráticas para concentrarse en las luchas reales contra los manicomios. Manicomio concebido como institución donde únicamente la autogestión y el alta masiva de los internados generara un nuevo concepto de enfermedad-tratamiento psiquiátrico, cuando ya liberado de ese doble que hoy malconocemos y maltratamos como enfermo, se liberasen del estigma.

Sorprendentemente esta posición fue mayoritaria en el Congreso y una reunión académica se transformó en una asamblea permanente donde ni se permitió la lectura de las ponencias oficiales ni a nadie interesó la discusión de por ejemplo “Las actitudes de la población ante las enfermedades psiquiátricas” que figuraba en el programa. La formula de consenso con que concluyó aquel movimiento asambleario refleja nítidamente su voluntad ateórica: si la sicopatología o el psicoanálisis proponen poner entre paréntesis lo real para estudiar el mundo vivencial o la novela familiar del neurótico, el movimiento antiinstitucional pondrá entre paréntesis el problema de la locura para transformar-destruir las instituciones donde esta locura ha permanecido encerrada y transformada en su caricatura desde los últimos siglos.

Un hermeneuta en el mundo de la banalidad psiquiátrica

Tras el fracaso de las previsiones antipsiquiátricas que una vez logrado su objetivo de rescatar a los internados del encierro manicomial comprueban que el “doble de la enfermedad mental”-el autismo, el defecto, el delirio, no era tal pues continua produciéndose en pacientes que no han conocido el internamiento, la práctica psiquiátrica entra en una fase de confusión. El movimiento antipsiquiátrico había triunfado en cuanto razón negativa, despertando justas dudas sobre todo el armazón teórico del diagnóstico. Por ello la psiquiatría tenía dificultades en su aceptación por la comunidad científica como práctica medica normalizada. El experimento clave para el declive en esa confianza fue su probada incapacidad psiquiátrica para detectar simuladores y la calificación de psicóticas para conductas de exploración antropológica de los simuladores La publicación incontestada en Nature del trabajo sobre Sanos en el Lugar de Insanos sigue siendo el reproche central que degrada lo psiquiátrico a una practica artesanal.

Junto al desanimo por el desprestigio teórico de lo psiquiátrico, más pragmático fue el horror gremial de los psiquiatras norteamericanos al contemplar como sus consultas pueden no ser reconocida como necesidades medicas por los poderosas aseguradoras ante la poca fiabilidad de sus diagnósticos y la competencia terapéutica de múltiples ofertas psicológicas.

Contra esa catástrofe profesional (las vocaciones psiquiátricas descienden geométricamente en esos años) la APA organiza un movimiento importante de reagrupación de la psiquiatría tradicional-neoKrepelinianos, jóvenes turcos - que logran impones una clasificación-la DSM III- autocalificada de ateórica y pragmática que impone un lenguaje fiable y logra quebrar las viejas clasificaciones nacionales. Eso sí a costa de hacer aún mas impreciso el lenguaje de la vieja sicopatología y eliminar toda reflexión crítica substituida por un sistema de votaciones que hace aparecer o desaparecer objetos psiquiátrico-neurosis, histeria o perversiones figuran entre las bajas; pánico o estrés postraumático entre las altas, sin otros argumentos que las opiniones dominantes en una votación de la APA. Un poco sicótico es el increíble criterio que se emplea para describir el Trastorno Límite por la DSM III con el mismo rigor que un ginecólogo puede definir a su paciente como un poco preñada.

De nuevo a contracorriente Castilla abandona la antropología dialéctica cuando juzga que constituye un modelo Impreciso para estudiar la conducta, buscando en la Hermenéutica del Lenguaje una metodología dura, capaz de purgar a la sicopatología de su carácter humanístico-difuso para formular un lenguaje bien hecho. Es desde lo Verificable- a partir del análisis del habla-desde donde podemos inferir el sentido de la conducta humana incluida en lo que desde ahora Castilla va a llamar Psico(pato)logía.

Según el nuevo modelo solo podemos captar el sentido de la acción humana, si logramos desentrañar las proyecciones del hablante analizando su actividad lingüística

Actividad lingüística que cuanto peor hecha, mas idiosincrásica y alejada de la objetividad científica mas información nos suministra sobre el sujeto. Si Freud descubre la emergencia del inconsciente en los lapsos lingüísticos, y su genio le permite descubrir el deseo de que la amante de un compañero de excursión tenga la regla tras la pequeña equivocación sobre los Frescos de Ovieto, Castilla del Pino descubre esas proyecciones con el rigor del análisis lingüístico.

Hermenéutica del Lenguaje que a partir de una sencilla clasificación del habla en Oraciones Indicativas que funcionan como connotaciones y Oraciones Ostentativas que ejercen una función de marcadores de realidad, construye Castilla una impresionante arboleda de interpretación que le permite re ordenar las clasificaciones psiquiátricas

Idéntica opción contra la imprecisión le lleva al abandono de la noción de Situación en la que descubre una reedición del tópico ortegiano del hombre- en su circunstancia, para substituirlo por la noción de Contexto. Contexto es la situación creada tanto por las convenciones d e los hablantes como por los rituales sociales que marcan la Conducta Adecuada –Apropiada y anticipan el fracaso de las mismas como patología mental. El Inadecuado en un duelo es quien no esté triste o lo esté demasiado o durante más tiempo de lo convenido. La conducta Inapropiada del que cuenta intimidades a un desconocido en el ascensor anticipa un diagnóstico de desinhibición maniforme o de psicosis al violar las normas residuales.

También la definición de sujeto es ahora reformulada por Castilla del Pino en términos empíricos, admitiendo al sujeto como una inferencia del observador ante las redundancias de conducta, en búsqueda de una exactitud que le exigirá en próximos escritos de una Teoría de los Sentimientos. Al tiempo desglosa al sujeto del self definido ahora como autoconciencia surgida de las relaciones con los otros, mientras reserva para el yo la designación de la parte activa de la personalidad. Todavía subdivide al Self entre su faceta actitudinal y otro intelectual como subsistemas que crean “yoes de actuación” para cada acción concreta

Si bien Castilla no formaliza una antropología que substituya al marxismo, en su descripción de las relaciones humanas como procesos donde los hombres buscamos mantener la autoestima frente al otro, el eco de la metáfora hegeliana del Amo y el Esclavo parece emerger de su obra. Es Hegel y tras él Mead y Honneth18 quienes mejor han formulado como en la lucha por el reconocimiento y sus derrotas en las figuras del menosprecio, la desposesión y la deshonra se encuentra el motor ultimo de los conflictos humanos en modernidad.

Las dos obras cumbre de esta etapa de Castilla del Pino son Criterios de Objetivación en Sicopatología e Introducción a la Psicopatología. En ellas afirma un modelo etiológico en el que las Neurosis nacen de luchas por combatir la inaceptación del self que causa la inseguridad y el miedo a perder una imagen autogratificante. Lucha que el neurótico emprende mediante los mecanismos defensivos de la Elusión Miedosa del Contexto frente al normal que Asume esa lucha por el reconocimiento. En proximidad psicopatológico de lo neurótico se sitúan los Trastornos de Carácter como intento de limitar y rigidificar las interacciones con los otros, a aquellas que devuelvan una buena imagen del sujeto, descalificando o excluyendo al resto de relaciones posibles

Pero es en el análisis de los Actos Sicóticos donde Castilla hace funcionar con todo rigor su aparato lógico del análisis del lenguaje, para redefinir Delirio-Alucinaciones y Defecto Esquizofrénico con enorme originalidad. Frente al modelo fenomenológico que define la Alucinación como” percepción sin objeto” y al delirio como intuición patológica, propone Castilla un Modelo Judicativo afirmando que alucinaciones y delirios son productos de Denotaciónes y Connotaciones adiacríticas.

El alucinado no percibe mal sino que denota una vivencia interna como externa al perder la Función Diacrítica que permite a los normales clasificar nuestras percepciones como externas o internas, como producidas por el sujeto o como impuestas por la realidad.

En el delirio estaríamos también ante una patología de la connotación que produciría un logema incorrecto al atribuirle una certeza que excluye los criterios de verosimilitud –probabilidad que tienen todas nuestras atribuciones de acertar el sentido de las conductas de los otros. El delirante salta d e los Indicios a la Verdad sin percibir el carácter proyectivo y autogenerado de esa atribución de certeza. De ahí el blindarse frente a la crítica que caracteriza la evidencia delirante que excluye cualquier puesta en duda o cualquier abordaje psicoterapeutico como ya resaltaba Jaspers. Se aleja este modelo de atribuir “monstruosidad psicológica” a estas figuras acercándolas a la comprensión y permitiendo por ellas un acercamiento discursivo-terapéutico.

Finalmente la Esquizofrenia puede ser diagnosticada cuando esta estructura delirante- alucinatoria queda ya fijada en el Defecto Psicótico, cuando el delirante prescinde para siempre de los objetos y se encerrase en un Autismo Adiafórico con el que en el aislamiento y la corporalidad gestual comunica que no quiere comunicar.

Las Locuras en el Quijote

La Hermenéutica del Lenguaje dota también a Castilla del Pino de un poderoso método para el análisis literario Sus textos sobre el Quijote pueden dar un ejemplo de la capacidad de sugerir que el método proporciona en ese terreno fronterizo del análisis de los locos egregios de la literatura clásica.

Desde luego como Castilla nos advierte, no se trata de forzar un diagnostico de Esquizofrenia o Locura Compartida para caballero o escudero en el Quijote, sino de descubrir los errores de construcción biográfica en sus actuaciones novelescas, de investigar su moralidad y los valores que guían esas vidas inventadas en su choque con los otros.

En su Teoría del Personaje nos muestra Castilla a Alonso Quijano como alguien al que sus lecturas han descubierto sus Potencialidades de Ser, dotándolo de una voluntad de ser un Alguien, de ser un Quien, de hacerse una biografía reconocible por el mundo más allá de su anonimato en un pueblo manchego y de su condición de hidalgo insignificante.

Deseo de potencia vital que aunque despertada por banales lecturas, inicia tanto el descubrimiento de un deseo de querer ser mas, como la posibilidad de actuar con grandeza ante los cércanos que incluye la capacidad de despertar a Sancho para la aventura, imponiéndole toda la retórica de la andante caballería como norma de actuación.

Alonso Quijano en lugar de adaptarse al pequeño mundo de la Mancha y ser un personaje adecuado de ese mundo, para ser otro necesita cambiar el mundo Como desea ser grande y sabe “que para ser más que alguien, es necesario hacer mas que alguien”, debe pasar de la imaginación de las novelas de caballería a la actuación transformándose en un caballero andante. Los objetos y las personas deben por tanto plegarse a las nuevas significaciones que el sujeto les da y transformarse en yelmos o gigantes las vacias y molinos, y en bellas damas encantadas las palurdas manchegas Por tanto Alonso decide No Ser lo que los otros dicen que es, sino Ser el personaje que él elige ser: Yo sé quien soy afirma. Para ser el caballero andante deseado, Alonso de Quijano debe Dislocarse de su personaje, saliéndose del contexto de hidalgo lector y rompiendo con ello la Barrera Diacrítica para dotar con juicio de realidad tanto a D. Quijote como a una Mancha Imaginaria construida con el modelo de la fantasía aportada por la lectura caballeresca.

Con ello el mundo interno substituye al externo y todo el contexto de realidad es transformada por los valores de la caballería, evadiendo la realidad empírica que cuando se impone y tira a tierra al caballero queda descalificada con el recurso al encantamiento del malvado mago. El invento de Otra Realidad y Otro Yo permite a Alonso la autosatisfación en medio del mundo propio que se ha creado y a pesar sus desgracias reales es feliz al dar sentido a una biografía construida desde el deseo.

Alonso Quijano construye un self de grandeza, sobreconstruyendo el personaje de D. Quijote, y aunque D. Quijote sea un error de Alonso Quijano, es un error necesario para su supervivencia como muestra la muerte cuando se deconstruye el personaje al recuperar la razón.

El análisis de Sancho Panza permite a Castilla describir la diferencia entre Delirio e Idea Sobrevalorada. En el Juego de Fantasia se consiente la Desrealidad (Sancho sigue la corriente de su amo) o se cree la falsa realidad, según que el momento le favorece (como gobernador de la ínsula), o le perjudique Sancho vuelve a lo real cuando la supervivencia le va en ello. Sancho no entra en la Locura a Dos precisamente porque juega a ser escudero sin dejar d e ser Sancho Panza siempre atento a su provecho en el mundo real. A diferencia del Quijote que deja de ser Alonso y se olvida de ama y sobrina cuando se lanza al camino, Sancho si acepta ser juez o gobernador lo hace sin dejar de ser criado, ni olvidar a su familia.

Castilla enfatiza al respecto, que quien se desliza en la vida cotidiana desde el “hacer de medico o de juez para totalizar toda su vida con esos papeles y no quitarse la toga ni en la fiesta con su familia esta iniciando ese deslizamiento hacia la locura. El deseo de ser otro, de trepar socialmente en Sancho logra mantener la Función Diacrítica que le fija a lo real Bien es cierto que al final de la novela el deseo de ser otro y el juego caballeresco le resulta a Sancho tan placentero que cuando D. Quijote recupera la razón para morir, no duda en incitarle en volver a jugar el juego de inventar nuevos personajes pastoriles que le permitan escapar a la sórdida realidad manchega.

Si Alonso Quijano debe morir cuando pierde su deseo de ser Quijote no debemos dejar d e percibir en Sancho la adquisición del carácter novelero que su amo le ha inducido y la persistencia del deseo pastoril o inventar lo que sea con tal de jugar en serio a ser otro. Si Alonso de Quijano queda inane cuando deja de ser El Quijote, algo de esa vivencia desgraciada en perder la capacidad de salirse de su contexto miserable para construirse una vida de escudero ha contagiado a Sancho.

Muy distinto es el nivel de juego que tienen los Duques que se divierten con los personajes a los que saben inferiores por no poder dejar de jugar. El noble matrimonio repite al abyecto juego cortesano de convertir a D. Quijote y Sancho en Criaturas de Placer19 como los enanos y locos pintados por Velásquez usados en la Corte como animales de compañía, reclutados o mejor raptados entre los anormales nacidos por toda la geografía imperial. Sus complicidades con el juego de identidades de D. Quijote y Sancho nacen simplemente del aburrimiento y del deseo de diversión con la desgracia ajena, afirmando además en todo momento su superioridad para iniciar o cancelar el juego.

Finalmente la muerte de Alonso Quijano refuerza otro de los descubrimientos de Castilla que ve el sentido de muchos delirios como un Error necesario. Mas allá de lo patológico, cuando el delirante se cura y vuelve a la realidad sin esa identidad que permite salvaguardar el self, la cura le conduce a la muerte aceptada como no va mas ante la derrota en esa lucha por el reconocimiento. Alonso escoge la muerte ante la imposibilidad de vivir en el papel del esclavo de una identidad impuesta por el Amo Realidad del bachiller, el ama o la sobrina.

Las Paradojas del Celoso

Los juegos de Anselmo, Lotario y Camila, el trío protagonista del Curioso Impertinente permiten a Castilla analizar la genealogía de los Mecanismos Paranoides que construyen el discurso y la actuación del celoso. El paranoide sufre una patología de las connotaciones por la que convierte las interpretaciones en certezas. Al haber perdido de vista que sus suposiciones son acercamientos verosímiles o probables a la verdad y no aprensiones ciertas de la misma se transforma en el incontestable poseedor de la verdad.

El saber del paranoico quiere trascender a la verosimilitud –probabilidad por escapar al tormentoso dudar de ser engañado. Saltar del indicio a la certeza es de hecho delirar cuando uno se convence de s u capacidad para llegar a lo real sin mediaciones y percibe a la vez su centralidad e importancia en el mundo. Connotando a los otros como perseguidores o ladrones en potencia de sus posesiones y objetos amorosos, el paranoide se autoproclama árbitro de lo real.

El suspicaz Anselmo que desea poseer la totalidad del objeto amado, al intentar evidenciar que Camila no desea al amigo crea una situación experimental para confiar con certeza, que conduce a su deshonra20. Anselmo al no aceptar los límites de la relación amorosa, confiando en la fidelidad de Camila, obtura la única cura para sus celos: aceptar el carácter proyectivo de los juicios de valor, dando a los indicios el justiprecio de probabilidad y verosimilitud que poseen.

Al tratar de probar la fidelidad de su esposa Anselmo trata de ser Dios actuando en el papel del director de escena omnisciente del juego de tentaciones que inventa. Pone en marcha al hacerlo una suspicacia generalizada que causan la desgracia general. Se labra su ruina al atribuirse una inteligencia psicológica y una meta interpersonal sobrehumana: poseer el saber cierto sobre la intención y la conducta del otro.



De Nuevo a Contracorriente

La evolución hacia la precisión y la voluntad de convertir a la psiquiatría en una ciencia con un objeto claro y un lenguaje bien hecho de Castilla del Pino lo sitúa de nuevo a contracorriente de la evolución histórica de la psiquiatría. Tras la DSM IV la práctica psiquiátrica progresó en simpleza y banalidad convirtiéndose a la vez en una actividad pretenciosa .Las promesas de aquel diagnóstico empírico y ateórico basado en el consenso profesional prometido por la DSMIII produjo un listado de síntomas agrupados por trastornos a los que corresponde un psicofármaco accesible desde un breviario adaptado al bolsillo de la bata que permite actuar en consenso(para el Trastorno Limite el consenso incluye practicar la filosofía dialéctica y el zen)

El desprestigio científico de la disciplina y el desprecio del pensamiento fuerte se compenso por un clamor popular por cuidados psiquiátricos generalizados En un proceso de inflación sintomática-todo es un trastorno psíquico- toda la población se ha convertido en usuarios potenciales de las consultas psiquiátricas y ya empieza a ser una rareza no tomar algún ansiolítico Si antaño la resistencia al estigma de la psiquiatrización hacía iniciar la entrevista con un “yo en realidad no estoy de psiquiatra y vengo obligado por la familia o el medico general”, en postmodernidad la indefensión aprendida de la multitud y la licuación de cualquier red de apoyo, escucha o consuelo en los grupos naturales conduce a casi la mitad de la población hacia ese único lugar de consuelo llamado consulta psiquiatrita.

Ya la DSMIII había excluido el término neurosis de su glosario por no empírico y en reñida votación el término perversiones por políticamente incorrecto. Cada trastorno a incluir o excluir era decidido en el Congreso de la APA según un modelo de discusión que provocaba un nuevo motivo de escándalo. Millon protesta públicamente porque el Trastorno de Personalidad Explosivo es excluido a causa de que el lobby feminista de la APA piensa que dicha categoría puede ser usada como disculpa legal ante los tribunales. La psicosis cuya definición precisa venimos rastrando en Castilla se define en la DSM III como “alteración grave en el juicio de realidad y creación de una nueva realidad. Cuando una persona está psicótica, evalúa incorrectamente la exactitud de sus percepciones y pensamientos y hace inferencia erróneas acerca de la realidad externa incluso a pesar de evidencias contrarias .El termino psicosis no es aplicable a distorsiones menores de realidad sobre temas opinables o ambiguos”.

Es obvio, como observara mi improbable lector, el cúmulo de imprecisiones y juicios de valor que contiene la susodicha definición que llega al colmo de la ambigüedad cuando define el Trastorno Límite como trastorno casi psicótico por “la existencia de trastornos sicóticos menores por su auto limitación o cura espontánea hacia patologías menores”.

Por volver al principio, de nuevo y contra toda razón, la historia de la práctica psiquiátrica postmoderna confirma el modelo de López Ibor con que iniciamos estas líneas. Los Objetos Psiquiátricos no Identificados creada por esa demanda de consuelo, acaba siempre por cumplir con algunos criterios que la DSM propone para el espectro depresivo o mejor con las condiciones de población susceptible de consumir con provecho fármacos antidepresivos(hay un largo listado de usos cosméticos del Prozac para normales) ya anticipada en un rupestre pero profético libro de López Ibor 21. En él había planteado como las neurosis o los llamados trastornos psicosomáticos eran epifenómenos de una patología depresiva subyacente que el enfermo no detectaba como tristeza : son depresiones sin depresión. En el fondo, argumenta López Ibor22, todos los humanos seríamos neuróticos compensados en Eutimia, porque cuando la corriente afectiva esta en sus horas altas encubre con su flujo de conciencia fobias, obsesiones o alteraciones de carácter, como el río con buen caudal que oculta los despojos animales. Cuando el “endon depresivo” baja, esa corriente enlentecida y empobrecida de conciencia saca a flote esos síntomas de seudoneurosis que son en realidad equivalentes depresivos23 .

Desde luego que los modelos DSM no llegan a ese nivel de abstracción analítica (recuérdese su pretensión ateórica) pero sí han configurado una practica en la que todo paciente que llegue a una consulta psiquiátrica con cualquier queja- ansiosa, caracterial, dolorosa o impulsiva - saldrá de la breve entrevista con una receta de al menos un antidepresivo a tomar por periodos que van del semestre al resto de su vida En el mejor de los casos junto a este/os antidepresivos recibirá una instrucción cognitivo -conductual sobre como ser empírico y estoico para combatir sus pensamientos pesimistas, actuar contra sus fobias o dominar sus impulsos .

Esta practica psiquiátrica determinada por consultas masificadas y con tiempo limitado, impiden pensar y mucho menos emplear cualquier hermenéutica que interprete el síntoma. Para evaluar fracasos en la auto evaluación o pesares por el mal hacer que nos decía Castilla la agobiada pareja del psiquiatra usuario del centro de salud . De nuevo una historia que actualiza la sinrazón deja al pensamiento de Castilla del Pino al margen de las prácticas dominantes en la psiquiatría real. Reafirmo que ese éxito del pragmatismo APA-DSM no procede de ninguna victoria ideológica y ni siquiera solo de esa búsqueda de la servidumbre voluntaria de las poblaciones que buscan guía y consuelo en las consultas psiquiátricas, sino fundamentalmente de la imposición de los intereses de la industria farmacéutica que de tener unas ganancias marginales con los psicofármacos se han convertido en su negocio hegemónico. Junto a los altos niveles de población que los consume (un ansiolítico es el fármaco mas vendido por la farmacia española), el precio de los neurolépticos se ha multiplicado por mil en los últimos años sin clara justificación de la eficacia de los mismos. Por ello ningún congreso psiquiátrico es concebible hoy sin el patrocinio de esa industria que obviamente condiciona la agenda, el formato y horizonte teórico de las reuniones que impone los consensos psiquiátricos.

Derrotas y Victorias

Walter Benjamín enseñó a los mejores de su generación a echar su suerte con la de los perdedores y a despreciar a quien valora el éxito como criterio de verdad. Disonancia cognitiva es hoy el nombre académico de quién guía su conducta adivinando y ejecutando el deseo del amo recitando ideologías progresistas. Su lema en la practica siquiátrica contemporánea podría ser Ganamos porque Mandamos aunque sea a costa de transformarnos en todo contra lo que habíamos luchado Castilla del Pino no enseñó rigor psicopatológico , nos mostró una practica incompatibles con las falsas promesas del poder.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

ENTREVISTA CON RENDUELES, PSIQUIATRA Y ENSAYISTA

Guillermo Rendueles Olmedo (Gijón, 1948) es psiquiatra y ensayista. Su obra, señala Wikipedia, “se centra en la crítica de la psiquiatría ortodoxa, en la teoría social y en la política radical”.

Rendueles cursó sus estudios de bachillerato en el mismo lugar en que nació, la Academia España de Gijón que dirigía su padre, y en el Instituto Jovellanos. Desde muy joven recibió clases del filósofo anarquista José Luis García Rúa y en la adolescencia inició su militancia en el Partido Comunista de Asturias.

Licenciado en medicina por la Universidad de Salamanca en 1971 y doctor en medicina por la de Sevilla en 1980 con una tesis sobre la izquierda freudiana, inició su trabajo en 1972 como médico residente en el Hospital Psiquiátrico de Oviedo. Participó allí en un movimiento antipsiquiátrico que promovió la transformación de la asistencia de los enfermos mentales, lo que provocó una dura represión del gobierno franquista y el despido de la mayoría de médicos de ese centro. Tras realizar, como represaliado, el servicio militar en la isla de La Gomera, continuó participando en los movimientos de renovación psiquiátrica en el Hospital Psiquiátrico de Ciempozuelos y en el Hospital Provincial de Gerona.

Trabaja desde 1980 en Asturias como psiquiatra del Insalud. Entre 1980 y 1989 fue profesor asociado en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Oviedo. En 1989 se incorporó como profesor tutor de Psicopatología en el centro asociado de la UNED de Gijón. Ha sido impulsor de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, a cuya directiva ha pertenecido.

Tiene publicaciones en una docena de libros en diversas editoriales españolas y casi una centena de artículos en distintas revistas. Por algunos de esos trabajos ha sido premiado por la Real Academia Española de Medicina (en 1982) y por la Asociación Española de Neuropsiquiatría (en 1983). A principios de los años noventa, tras haber estado cierto tiempo apartado de la actividad política, participó en los grupos antimilitaristas que promovían la insumisión y volvió a colaborar con colectivos y medios de comunicación de izquierda. Escribe regularmente en el periódico asturiano La Nueva España.

Una de sus publicaciones más conocidas, Egolatría, que en su día fue reseñada por Santiago Alba Rico, puede verse en el apartado Libros-libres de rebelión

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Si me permite, déjeme iniciar la conversación con algunas definiciones, con algunas delimitaciones conceptuales. ¿Qué tipo de enfermedades mentales trata la psiquiatría?

En alguna ocasión he manejado la metáfora de que la psiquiatría como Coche Escoba de la medicina social, como práctica de cuidados que recoge todos los malestares que no caben en las categorías científico- naturales de la medicina o los recursos sociales. La medicina ofrece demagógicamente una definición de salud como “un estado de bienestar y realización físico–psíquica” para toda la población .Como es obvio que vivimos en una sociedad llena de sufrimiento y malestar no reparables por tratamientos médicos ni ayudas sociales, cuando un dolor o una queja no tiene un substrato anatómico clínico demostrable o es imposible de encuadrar en las pedagogías sociales se le etiqueta como enfermedad psiquiátrica y se le trata con ansiolíticos y antidepresivos que efectivamente acallan el dolor. Todo ello para no confesar la impotencia del llamado estado del bienestar para ofrecer una vida buena . El niño no educable en la escuela acaba en el psiquiatra . El ama de casa quejica de dolores a los que no se le encuentra causa física el psiquiatra la etiqueta de somatizadora y le da ansiolíticos. El comercial que no duerme y abusa del alcohol de nuevo ansiolíticos. Todo con tal de no cuestionar la escuela, el hogar o el comercio como focos de alienación y mala vida que hay que transformar o destruir.

De ahí que la practica psiquiátrica sea una práctica muy pretenciosa: ofrece mejoras para toda clase de males y desde luego promesas que luego no puede cumplir. Como el Bálsamo de Fierabrás los psiquiatras ofrecen remedios para toda clase de situaciones: dirección del duelo para las catástrofes o la muerte de algún ser querido, enfrentamiento al estrés laboral, dolor de enfermedades reales pero de causa desconocida como la esquizofrenia o los trastornos afectivos. Todo acaba en un totum revolutum llamado psiquiatrización de la vida cotidiana. De ahí que la sala de espera de un psiquiatra sea un lugar singular donde coexisten desde malestares banales secundarios a la vida cotidiana con los sufrimientos más atroces de las psicosis o las grandes depresiones que terminan en el suicidio. Para todos tiene el psiquiatra una palabra como un cura o una pastilla como un médico o una rehabilitación como un masajista

¿Y qué relación, si existiera, observa usted entre la psiquiatría y la psicología?

Los dos gremios compiten en ofrecer remedios que psiquiatrizan o psicologizan la vida cotidiana Ambas profesiones se proponen como remedios para todos esos malestares que van del nacimiento a la muerte. La gente ha sido desposeída de sus saberes comunes para criar hijos, para el sexo, para envejecer, para luchar contra la explotación laboral y necesita técnicos que provistos de saberes psi le enseñen a vivir. Psicopedagogos para criar hijos sanos mentalmente, sexólogos para concebirlos, psicólogos para hacer duelo por la muerte de los deudos, gerontopsicólogos para envejecer saludablemente y neuropsiquiatras contra el mobbing.

Los psicólogos limitan ese enseñar a vivir, limitan estas curas de la vida a palabras y los psiquiatras ofrecen además pastillas que hacen distanciarse a los sujetos de la situación invisible y con ello a tolerar mejor el dolor vital . Ambos ofrecen lo que no pueden dar: remedios técnicos para resolver sufrimientos sin romper los marcos de la situación que genera esos dolores y que no son otros que individualismo o el mercado. La lucha por atender a las poblaciones emergentes que buscan amo psiquiatrizador entre ambos gremios es patética por parte de los psicólogos que piden intervenir en los centros de salud con argumentos muy cercanos a la antipsiquaitría de los años 70 –la enfermedad mental no es una enfermedad como las otras afirman con justicia - pero afirmando que es el gremio psicológico con sus variadas escuelas y no las redes populares quien pueden romper esa malaria urbana que hoy constituyen las quejas encuadrables en lo psicológico o psiquiátrico.

Entonces, psiquiatrizar y psicologizar son, según usted, tareas muy próximas.

Efectivamente. En el sentido señalado de psiquiatrizar y de psicologizar, son tareas similares. No se trata de sustituir una práctica psiquiátrica por una psicológica sino de salirse de ambas redes que limitan los análisis y soluciones populares al egoísmo y al calculo afectivo que hoy domina la ideología popular y que psiquiatras y psicólogos refuerzan como aparatos del estado que son. Ante un duelo o un despido ambos discursos recurren a metáforas economistas para formular sus tratamientos: desinvertir afectos del muerto o el trabajo perdido, volver a invertirlos. Cualquier situación se enmarca por ambos gremios en las oscuras aguas del calculo egoísta que decía Marx. No conozco a nadie que haya ido al psicólogo y le haya preescrito la lucha solidaria contra sus males sino cuidar de sí en el marco intimista. Nadie que no haya ido y no le hayan dicho que él no puede arreglar el mundo ni tiene culpa de sus desarreglos y que se afane al carpe diem. De hecho leer un manual de autocuidado es una incitación al egoísmo y muchos de los manuales para mujeres una auténtica agresión a sentimientos altruistas: aprender a decir no, no amar demasiado, calcular bien el intercambio afectivo para no salir defraudadas. En fin, una especie de buen inversor no sólo en la bolsa sino en la casa o la cama .

Depsiquiatrizar o depsicologizar la vida cotidiana supone recuperar un saber común que antes tenía la mayoría de la gente para gestionar las situaciones de sufrimiento o conflicto sin recurrir a unos técnicas psi o una pastillas con dudosa o excesiva eficacia (las pastillas psiquiátricas son a veces demasiado eficaces y permiten tolerar situaciones intolerables adormeciendo los sentimientos que permiten cambiarlas). Para escuchar penas o aconsejar con prudencia cualquiera de nuestro entorno sirve menos un profesional psi que no comparte valores ni sentimientos y por ello los enmarcara en sistemas ideológicos de la escuela a la que pertenezca.

¿La tradición psicoanalítica ha dejado su huella en la psiquiatría actual?

La psiquiatría actual está dominada por clasificaciones procedentes de la muy poderosa Asociación de Psiquiatras Americanos. Hace una década impusieron una clasificación de las enfermedades mentales llamada DSM III que excluyó cualquier termino psicoanalítico como neurosis o histeria. Se pretendió con ello una clasificación empírica y ateórica de los trastornos mentales que supuso en la práctica el que los psiquiatras dejasen de pensar o interpretar la relación de los síntomas psiquiátricos con la biografía de sus pacientes, para buscar signos objetivos de enfermedades y tratar las enfermedades con protocolos de consenso logrados por votaciones democráticas en los congresos psiquiátricos. Una de las relaciones freudianas más tradicionales “las neurosis son inversiones de las perversiones sexuales” desaparece de la DSMIII no por ningún debate teórico sino cuando en esas votaciones desaparece la perversión como categoría gnoseológica sin más explicaciones que el éxito del colectivo gay en lograr votos .

En el fondo la DSMIII nació por la impotencia de la psiquiatría o la psicología para diagnosticar con precisión. Unos investigadores fueron ingresados como enfermos y los psiquiatras fueron incapaces de detectar la simulación. El horror de los años 70 en la academia psiquiátrica es que, al no poder identificar simuladores o no ponerse de acuerdo en las peritaciones ante los juzgados para bajas laborales, la administración excluyese a lo psiquiátrico del campo médico o del pago de las muy poderosas compañías de seguro americanas. De hecho algunas definiciones en la DSM dependen de un pacto con esas compañías para que no empiecen a pagar seguros médicos a los esquizofrénicos antes de 6 meses que se exige para el diagnóstico de esta enfermedad. La voluntad de ser empíricos y ateóricos barrió toda la “epistemología de la sospecha” que Freud había introducido para interpretar los síntomas psiquiátricos y dar sentido a la enfermedad, para relacionar el sufrimiento psiquiátrico con los poderes familiares que escribían la versión canónica y falsa de la infancia.

Hoy los síntomas psicológicos -nuestras angustias o depresiones- son una especie de equivalentes de unos trastornos de los neurotrasmisores que aunque nadie pueda medir se suponen modificables con psicofármacos o terapias. De ahí que Freud sea hoy un completo desconocido para las nuevas generaciones de psiquiatras.

Y eso para no hablar de la izquierda freudiana que dio importantes materiales para las revueltas contra el manicomio y la institución total de los años 70 y las resistencias antiautoritarias al familiarismo. Lo psicoanalítico ha quedado por ello como una escuela con escasa aplicación en la clínica real en parte por sus propios errores sobre la centralidad del dinero de la cura tipo (Freud afirmó que si el enfermo no paga dinero al terapeuta es poco probable que se cure y casi seguro que no abandonará su terapia). La aplicación literal de esa relación de medicina liberal de pago por acto médico impidió al psicoanálisis implicarse en un modelo social en donde integrarse. Finalmente la regresión de los psi que renuncian a formarse con la profundidad y el trabajo que exige aprender psicoanálisis terminan de ensombrecer el futuro de las prácticas psicoanalíticas .

Los americanos dicen que el psicoanálisis es otra de las rarezas de Paris y el número de pacientes tratados por analistas no llega ni al uno por mil de la población psiquiatrizada en nuestro mundo

¿Qué significó aquella rebelión antipsiquiátrica de los años sesenta y setenta al que usted hacía referencia? Estoy pensando en Coopper, en Bassaglia,…

El movimiento de Psiquiatría Democrática que encabezó Bassaglia representó la voluntad de dar la vuelta al sofisma del manicomio que eludía el análisis del encierro en la génesis de la gran locura Lo mismo que en los zoológicos se produce una conducta animal que no es la real en el manicomio se producía lo que Bassaglia llamaba el Doble de la Enfermedad Mental. El manicomio producía una locura que no era la de los pacientes sino la producida por el estigma y la profecía autocumplida de la psiquiatría de la época que describía la locura como peligrosa e irrecuperable. De ahí que todo el saber producido por la observación de locos encerrados, es deci,r toda la psicopatología clásica era un seudo saber parecido al de la zoología del parque de fieras. Categorías psiquiátricas centrales como la esquizofrenia catatónica desaparecieron de los libros cuando desaparece el encierro manicomial

Yo trabajé en un manicomio cercano a Madrid donde los pacientes estaban internados y diagnosticados en pabellones sintomáticos. Había pabellones de violentos, incontinentes, crónicos cerrados, abiertos, etc. Por un derrumbe tuvimos que repartir los internados del pabellón de violentos por el resto del manicomio y la conducta violenta dejó de producirse en los enfermos que padecían la violencia. La violencia no era por ello algo producido por el cerebro o la enfermedad de los pacientes sino creado por la institución que los cronificaba.

Del manicomio, el análisis bassagliano se extendió a otras instituciones totales como el ejército, las fábricas, los internados estudiantiles y fue muy productivo para las revueltas de mayo 68. De repente las masas en las fábricas descubrieron que el sufrimiento laboral no tenía que ver con su trabajo real o la producción, sino con las disciplinas que imponían gerentes y capataces. Los movimientos de la Autonomía Obrera italiana deben mucho a ese análisis postbassagliano en él que la fabrica se parece al manicomio o el cuartel en falsificar las vidas de sus internados y en crear una vida doble de la real- posible. Destruir los muros de esas instituciones fue la bella consigna que salto de los manicomios a las cárceles, las fábricas o los cuarteles. La esperanza de destruir ese archipiélago de instituciones que limitaban la vida fue el último fantasma de la libertad que yo conocí.
En cuanto a Coopper

Coopper y Laing hicieron unos análisis más microsociales de la familia como institución generadora de patología mental codificando figuras como los padres esquizofrenógenos o las teorías del doble vínculo como substrato de la comunicación autoritaria y enloquecedora que quebraba la identidad del sujeto casi desde el nacimiento .

De nuevo la locura era prefabricada desde la irracionalidad de la autoridad familiar. Cuando se falsifica la percepción de las necesidades infantiles y una madre afirma saber que su hijo tiene sueño y debe irse a la cama aunque el niño diga no tener sueño se esta iniciando ese proceso de pérdida de saber íntimo que en su extremo crea locura (la autoridad y la orden de vete a la cama se enmascara en cumplir las falsas necesidades del niño como el mercado satisfará todas las falsas necesidades del adulto). El discurso del padre aparece en esos análisis como el eco directo de la voz del amo estatal, mientras la madre es una figura más enloquecedora por su papel ambivalente entre la incitación a la sumisión y las fantasías utópicas. Estos análisis fueron muy productivos para el pensamiento antiautoritario y antifamiliar con propuestas de comunidades terapéuticas sin terapeutas y en desenmascarar todas las trampas que el lenguaje normal forjado en la intimidad crea en la enajenación cotidiana. Gestionar la enseñanza de los sentimientos correctos, de cómo se debe querer que constituía una función familiar central, saltó por los aires en esos años gracias a los análisis de Laing

La derrota de todo ese movimiento es hoy más que evidente, cuando las familias de enfermos tienen un poder grande y piden tratamientos obligatorios o cerrados para sus hijos y en la práctica están logrando la vuelta a unas disciplinas panópticas cercanas a neo manicomios y al uso masivo de psicofármacos inyectables quincenalmente como profilaxis de cualquier conducta violenta. Cada vez que hay un acto violento de un paciente psíquico el clamor por el encierro no cesa y las maldiciones contra la antipsiquiatria tampoco.

Afirmar que aquello no fue un sueño y que efectivamente luchar contra el manicomio fue luchar contra el orden o el familiarismo es hoy, más que un ejercicio de memoria, una afirmación de la esperanza en rebrotes de la razón tras su eclipse.

En las enfermedades mentales, ¿la herencia genética es determinante? ¿Influye, de qué forma, el ambiente social, la estructura familiar? ¿Depende de las enfermedades?

Los conceptos de enfermedad mental están mal definidos y por ello es difícil de contestar a la pregunta de las influencias del ambiente o los genes. En los grandes síndromes bipolares y esquizofrénicos la herencia parece indudable pero es la herencia de una vulnerabilidad que no se parece al modelo del despertador biológico preparado para que surja la enfermedad a la legada ala pubertad.

El brote psicótico y las fases maniacodepresivas precisan de un desencadenante y una vez desencadenada su evolución depende de cómo se trate y se prevengan las recaídas. Si se la medicalaza en extremo o se la encuadra en profecía auto cumplida -la locura nunca cura- se transforma en un proceso invalidente que hace sujetos dependientes de por vida, que necesitan según los protocolos actuales vigilancia y control perenne sin ninguna posibilidad real de alta médica. Médicos y familias coinciden que ante el riesgo de recaída es preferible tratamientos perennes.

Por el contrario que se limite el tratamiento y el pronóstico positivo a episodios psicóticos con perspectivas de cura, permite vidas en libertad que gestionen con prudencia ese riesgo indudable de recaída que los genes provocan. Gestionar ese riesgo desde lo autoritario y la profilaxis del “por si acaso recae que tome neurolépticos de por vida” o aceptar el riesgo ”sin medicar por si acaso” define hoy las posturas neomanicomiales o libertarias frente a las grandes psicosis .

El resto de los trastornos psíquicos -depresiones, angustias, trastornos de personalidad, malestares por estrés- son falsas enfermedades que se etiquetan como tales para individualizar sujetos frágiles para que puedan ser tratados con técnicas que no pongan en cuestión el papel desencadenante de la mala vida urbana que está en la base de sus sufrimientos. Ni el trabajo como lo conocemos, ni las casas de vecinos que articulan nuestras ciudades, ni las familias realmente existentes sobrevivirían sin la toma masiva de ansiolíticos que permiten dormir, levantarse y aguantarnos unos a otros en esa especie de cloaca sobrepoblada en que vivimos. Los procesos de etiquetado y psicologización de esos malestares que permiten sean vividos en privado y no se colectivicen completan el papel apaciguador y distanciador que permiten las categorías psiquiatrizantes y los psicofármacos

A finales de 2008 el New York Times informaba que más de la mitad de los 28 especialistas encargados de preparar la próxima edición, prevista para 2012, del DSM-IV-TR: Mental Disorders. Diagnosis, Etiology & Treatment, el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales por excelencia, mantiene algún lazo con empresas farmacéuticas. Ya en 2006, investigadores de la Universidad de Tufts denunciaron que el 56% de los encargados de revisar el DSM habían tenido al menos un nexo monetario con un laboratorio entre 1998 y 2004. El porcentaje era aún mayor entre los expertos que trabajaban en enfermedades mentales más graves; la esquizofrenia por ejemplo. Concretamente, según el NYT, uno de los psiquiatras firmantes del DSM había ejercido de consultor de trece laboratorios diferentes en los últimos cinco años (entre ellos, algunos de poder tan inmenso, y casi inabarcable, como Wyeth y Pfizer). ¿Es así? Una situación de dependencia o subordinación de este orden, ¿puede alcanzar esta dimensión? ¿También en España?

Un ansiolítico –el lorazepan, propiedad de uno de los dos laboratorios que mencionas– es el fármaco más vendido en España por encima de la aspirina o los analgésicos En general en apenas 20 años los psicofármacos han pasado de ser algo marginal en las ganancias de los monopolios farmacéuticos a ser sus productos estrella y ello sin que se halla producido ningún descubrimiento importante en sus laboratorios. Los trastornos psiquiátricos se diagnostican como en la medicina del siglo diecinueve por la escucha de los síntomas de los usuarios y no por ningún mediador interno sobre el que podamos medir la eficacia de los fármacos para aliviarlos como en el resto de la medicina del siglo xx. Frente al antidiabético que para ser mas eficaz que el anteriormente comercializado y vendido, debe normalizar las cifras de azúcar de cada enfermo que lo usa, los psicofármacos solo deben hacer ver o escuchar que el paciente dice encontrarse un poco mejor que con la anterior pastilla sin modificar ningún marcador material de mejoría. Obviamente ese carácter no objetivo es el sueño de cualquier mercader que quiera vender pastillas que como las diferentes marcas de coches sean un poco mejor que los de la competencia.

Los antiguos antidepresivos o neurolépticos son igual de eficaces que los nuevos para atenuar los síntomas de enfermedad como a duras penas tienen que reconocer sus fabricantes. Varían solo en que producen menos efectos secundarios: el Prozac (del otro laboratorio del que hablas) se empezó a recetar a miles de enfermos en América no porque fuese un antidepresivo más eficaz que el anafranil sino porque no engordaba o secaba la boca como sí hacía este. Pero su valor económico pasó a multiplicarse por miles de euros.

Un psicofármaco contemporáneo para el tratamiento de la esquizofrenia suele costar más de 100 euros y a veces más de 200 al mes frente al haloperidol igual de eficaz que puede costar 2 euros aunque produzca más efectos secundarios .

El uso de psicofármacos es además un mercado cautivo y un psicótico un cliente seguro desde los 20 años hasta la muerte si se siguen lo consensos dominantes hoy en psiquiatría. Como decía, al ser fármacos que a diferencia del que trata la anemia no tiene que demostrar su eficacia en protocolos rigurosos, sino en la observación del medico que lo trata y rellena cuestionarios, son tremendamente sensibles a la propaganda y la influencia del recetador que decide la mejoría o empeoramiento de acuerdo con su ojo clínico por desgracia tremendamente sensible al los reclamos de los laboratorios farmacéuticos que gastan cifras millonarias en manipular a los psiquiatras como intermediarios de ese mercado.

Todo ello define un merado especial: enormes ganancias, no objetividad del producto, dependencia del fármaco elegido de la decisión del psiquiatra. Por ello la propaganda sobre el psiquiatra que los prescribe determina unas relaciones profesionales mercantilizadas de las que casi nunca se habla entre los profesionales que se aprovechan de las migajas del sistema

No hay un solo congreso psiquiátrico en la que sus asistentes se paguen inscripción o viajes sin el apoyo de la industria farmacéutica, industria que sin presionar directamente sobre los psiquiatras (en mi experiencia es raro el “recétame y te pago el viaje a América”) obviamente genera unos mecanismos de agradecimiento que hace una rareza los antiguas reuniones de psiquiatras críticos o contraculturales. Los congresos de las asociaciones de psiquiatría, en teoría de izquierda, son en ese sentido tan dependientes de la industria farmacéutica como las de la derecha y sus congresos tienen el mismo estilo de grandes hoteles y banquetes en restaurantes caros, antaño reservado a los mandarines de la medicina

Cambio de tercio. Usted ha señalado recientemente que el hecho de que el 30% de la población obrera asturiana afectada por reconversiones acuda hoy a los Centros de Salud Mental ejemplifica un desastre: “el viejo orgullo del proletariado que “sabia quién era” está siendo substituido por personalidades pasivo dependientes que buscan en los ‘psi’ tutela, pastillas y consejos para reconducir su vida según un régimen de servidumbre voluntaria”. ¿Por qué habla usted de servidumbre voluntaria? ¿Qué podrían hacer entonces los trabajadores/as afectados?

Si me permitís la pequeña grosería, lo que buscan en salud mental los trabajadores agobiados se parece al que para buscarse amores se va de putas. Ante el horror real de la vida cotidiana, todo el mundo sufre y necesita que alguien le escuche, afecto, consejos prudentes o incluso mimos que alivien el horror económico. Buscarlo en un profesional que cobra del estado por esos menesteres, y no comparte las realidades del trabajo o el barrio o puede tener unos valores tan opuestos al consultante como ser del opus dei (una de mis pacientes dejo de ir al psiquiatra después de dos años, cuando supo que su terapeuta no estaba en consulta por ir de cacería) parece una confusión vital más que como aquel borracho busca la llave no donde la ha perdido sino donde el ayuntamiento ilumina.

Frente a esa ayuda profesionalizada que coloniza la vida desde un saber poco creíble (hay multitud de escuelas psi), el pueblo debería colectivizar su dolor y acumular valor para mirar de frente lo que oferta la vida en el mercado, sin edulcorarlo con la falsa promesa de que cuando la cosa vaya mal algún psi de la “seguridad social” me ayudará aunque yo no tenga redes solidarias en que apoyarme.

Aprender que el malestar no depende de su psique individual sino de las relaciones de explotación y sumisión al imaginario de deseos que nos hace vivir por encima de nuestras posibilidades con modelos de clase media es la amarga verdad que la población trabajadora se niega a ver. Saber que si me encierro en el egoísmo y la búsqueda de salvación en el intimismo cuando esa vida íntima se me derrumba y, por ejemplo, se muere mi objeto amoroso o pierdo el trabajo, ningún profesional me puede ayudar realmente porque ningún profesional puede sentir conmigo a sueldo, puede ser un primer paso en esa renuncia a las falsas promesas. Solo desde las viejas solidaridades, de hablar cada mañana con los compañeros y salir a tomar sidra o vino tras el trabajo para maldecir al patrón o comentar los azares de San mercado con la esperanza que algún día todo ese sistema caiga, fue vivible una cotidianidad tan dura como la del trabajador fabril tradicional. Sólo lo acogedor del barrio, de los lugares donde uno está entre los suyos, sólo los vínculos con los compañeros y sus familias y una forma de vida en lo común permiten escapar a las miserias del individualismo o disminuir diluyéndolas en lo colectivo las penas cuando la tragedia nos alcanza.

Si cada uno va de su casa al trabajo, se encierra en el familiarismo y en los grupos de aficiones comunes, está condenado a tener un alto riesgo de terminar en el psiquiatra como el que acude al lupanar a buscar amores profesionales

El precariado en el que vive una gran parte de los trabajadores españoles, autóctonos o no, ¿está afectando a su salud mental? ¿Hay cifras al respecto? Se habla de una epidemia de depresiones que afecta al 30% de la población y hay barriadas obreras donde es más normal haber pasado por las consultas de salud mental que no haber necesitado ayuda psiquiátrica a lo largo de la vida .

La miseria subjetiva que la vida en precario crea es la imposibilidad de crear esos vínculos serenos de los que hablaba más arriba para describir la cotidianidad de la clase obrera tradicional. Un niño tiene un vínculo sereno cuando puede jugar en el parque sin mirar continuamente a su madre porque sabe que ella va estar a allí cuando se caiga. Uno puede arriesgarse en la vida y ser un activista social si sabe que tiene una red social amplia que cuando la desgracia le alcance va a tener solidaridades múltiples. Esos lazos solidarios, esos vínculos serenos necesitan tiempo y tradiciones de identidad. Desde el colegio los antiguos trabajadores codificaban sus gustos y sus maneras al imaginario de clase que los protegía y los endurecía del mundo hostil de los señoritos: sabían que los melindres o la depresión no eran para ellos, que al tajo se iba a sufrir pero que la vida podía permitirles devolver golpes a ese mundo de la burguesia si permanecían juntos. Sin tiempo para estar juntos y sin coger a cita que las viejas tradiciones obreras les proporcionan los precarios están perdidos: ni identidad colectiva, ni defensas de clase les protegen. La ideología del Pícaro, la vieja astucia del lazarillo para burlar y sacar las ventajas que puede parece ser la tendencia subjetiva preferente en el precariado que corre como puede entre amos desalmados buscando cobrar del paro o las bajas médicas es lo que se ve de nuevo desde las consultas de salud mental.

El termino depresión es un cajón de sastre que quiere decir malvivir o incapacidad de autogestionar la vida sin ayudas profesionales. Afecta a sectores de población más colonizadas por el intimismo: mujeres, precarios sin redes sociales sólidas, viejos sin compañía que las han perdido, jóvenes renegados de su clase y aspirantes a trepar socialmente. Frente a ellos la vulnerabilidad a la depresión se invierte cuando el tiempo de trabajo o la organización de actividades crea grupos con identidades solidarias que se suponen pueden durar toda la vida. Frente al voluntariado social que crea grupos ligeros que llama H. Bejar de malos samaritanos los viejos sindicatos, los grupos comunistas, las comunidades religiosas, creaban vínculos e identidades sólidas que endurecían y “empoderaban” (hacían sentirse dueños de sí) a sus miembros frente a las crisis vitales que el propio tiempo genera. Se decía aquello de un comunista nunca está solo porque suponía que cualquier trabajador podía ser su amigo y que las edades del hombre -juventud, madurez, vejez- tenían unos rituales tan cercanos a lo religioso que hacía que incluso la muerte fuese aceptada como un pasar la cita con la historia a las generaciones venideras. Si esa identidad se licua y el precariado no permite enlazar la vida individual con esos colectivos y esas tradiciones la cotidianidad se convierte en ese cuento lleno de ruido y furia contado por un idiota que fácilmente busca sentido-consuelo en el psi. A ese sesgo cognitivo de buscar ayuda fuera de los iguales, en los expertos, en la técnica es lo que llamo proceso de servidumbre voluntaria que ni siquiera es consecuente con la ideología egoísta que ha elegido y que enlaza con el prototipo de Lázaro de Tormes que he propuesto líneas arriba.

¿Cómo cree usted que está afectando la actual crisis, esta crisis cuyo fondo no acabamos de entrever, a las gentes trabajadoras? Las amenazas de despidos, de cierres patronales, de reconversiones, ¿taladran su conciencia?

La crisis continua un proceso de contrarrevolución que aumenta la egolatría del sálvese quien pueda y la cobardía colectiva para pelear por un mundo radicalmente otro. Todas las crisis sociales son oportunidades para cambiar la historia. En esta que nos ha tocado, las clases populares van a salir más desestructuradas y derrotadas de lo que entraron: perderán la batalla sin ni siquiera haber peleado. Viejas palabras como ocupación de fábricas, autogestión, nacionalizaciones son fósiles lingüísticos para unos colectivos sindicales que como en el chiste sólo piden a sus señores quedarse como están .

Se parece por ello esta derrota obrera a esos experimentos de Indefensión Aprendida en que los animales de experimentación sometidos a castigos en una piscina se dejan morir cuando aún tienen energías objetivas para pelear. El dolor colectivo y la ansiedad producida por el riesgo de neopobreza está como las malas salsas sin ligar por ninguna organización que le dé forma y salidas colectivas .

De continuar la tendencia actual las capas populares saldrán subjetiva y objetivamente más maltrechas de lo que entraron y a mi juicio se acentuarán tendencias reaccionarias que difícilmente imaginamos desplazando la rabia contra los emigrantes y no contra los poderosos. De cualquier forma la historia no está nunca escrita del todo y como escribió Brecht en su imprescindible “Oda a la dialéctica” los derrotados de hoy son los vencedores del mañana. Pero para ello, quizás perder la esperanza de buena vida en el mercado o en los bienestares de la psicologización es un paso imprescindible para salir de esa indefensión y decidirse a pelear con las fuerzas que aún quedan

¿Qué puede hacer un psicólogo, un psiquiatra ante la desesperación de estas personas trabajadoras? ¿Decirles que hagan la revolución?

Puede tratar de encuadrar ese sufrimiento subjetivo en lo impersonal, impidiendo el proceso de individuación o de culpabilización que añade miseria psicológica a la económico-social. Saber que el paro toca como “la lotería al revés” tranquiliza a quién busca causas y remedios psicológicos de su malvivir en su biografía preguntándose qué hice mal. Tratar de crear vínculos no profesionales entre parados, entre personas con sufrimientos etiquetados de depresivo-ansiosos y dar formas de interpretar la angustia-depresión en un marco colectivo que busque agrupar seudoenfermos en redes de apoyo y consumo paralelo pueden ser sugeridas desde las consultas .

Los fundadores de Alcohólicos Anónimos persistieron en beber mientras iban de psicólogo en psiquiatra por todo el mundo. Dejaron de beber y crearon la red de autoayuda más potente del planeta, cuando tomaron conciencia que en la ayuda mutua se podían crear las redes y técnicas que evitan beber. Siempre me ha parecido un ejemplo a seguir .

El movimiento feminista tiene experiencias similares: las de Boston lograron reapropiarse de unos cuerpos mutilados por la ginecología. Tener valor para pensar y actuar desde la experiencia acumulada puede lograrse desde a confesión de impotencia profesional de los psicólogos o psiquiatras si tuviesen honradez para autoevaluar realmente su practica real tan poco eficaz en aliviar el dolor subjetivo

Usted ha afirmado que “bajo rótulos psicoterapéuticos, determinados aparatos burocráticos constituyen dispositivos de producción de identidades destinados a individualizar el sufrimiento producido por la crisis y evitando así cualquier estrategia colectiva”. ¿Es una estrategia consciente en su opinión? ¿Es una subordinación a los intereses del capital?

Uno de los rasgos centrales del nuevo espíritu del capitalismo es que no necesita conciencia o ideología dominante para imponer su dictado: con que se consuma y se sometan las poblaciones al régimen de necesidades que la propaganda crea… A los grandes monopolios no le importa el pensamiento de la gente .

En ese sentido la psicologización no es una práctica consciente del capitalismo porque no la necesita. Simplemente con que el pueblo se encierre en su casa, su pareja y olvide los viejas identidades basadas en grupos naturales, la victoria de san mercado está asegurada. Si no hay un Nosotros desde el que vivir y el yo sucesivo es el único punto desde el que se reflexiona el capitalismo puede dejar flotar a esos individuos y que escojan cualquier ideología que no recree esos vínculos. Precisamente el anticlericalismo de los postmodernos atufa a ese deseo de liquidar incluso la ideología comunitaria que en tiempos les sirvió y que en lo que tiene de Nosotros Identitario les resulta una paradójica resistencia a pesar de lo anticuado de sus protestas.

Quizás al Estado y a los políticos sí les interesa aparentar una eficacia de la que carecen para influir en la vida real de las personas e ideoligar una seguridad social frente a los azares económicos suponga un mecanismo de evitar el desinterés de la población sobre lo político. Afirmar que al menos el estado puede dar escuela y centros de salud desde la izquierda puedes ser un mecanismo de fidelizar unas masas ya convencidas de la inanidad del estado para influir en el paro o la vida real.

Salud y mental y relaciones de producción capitalistas, ¿son términos que permiten conciliación en su opinión? ¿El capitalismo, por el contrario, es enemigo de la salud mental de las personas?

Los efectos patológicos del capitalismo sobre la salud mental no nacen de una voluntad maligna que hacía gritar a la Bruja Avería “Viva el Mal. Viva el Capital!” sino de que en su necesidad de multiplicar sus ganancias vendiendo nuevas mercancías precisa crear necesidades continuas en las personas y por ello se transforma en un sistema que necesita producir identidades basadas en una especie de glotonería consumista que no se satisface nunca. ¿Cuánto es bastante? se responde desde el mercado con un Nunca que genera ansiedad continua en las personas. La sobriedad y la configuración de unos gustos y unas satisfacciones al margen de las seudonecesidades creadas desde la ideología capitalista son el primer paso para adquirir una difícil salud mental siempre cercadas porque algún fetiche ofrecido por la publicidad -tal viaje, tal coche, tal casa- acierte a enlazar con alguna perversión propia y nos haga vender la vida para cambiarla por dinero para comprar esos productos dotados del encanto mágico de la mercancía que adquiere lo interiorizado como deseo. El sujeto tal como lo conocemos es tan voraz y tan maldotado de Hibris de falta de freno a sus ansias, que precisa un sistema muy racional para contenerse .

Vivir sobrios y ser un poco mojigatos me parece un consejo prudente en estos tiempos de exhortación a liberar el deseo o atreverse a todo como signo de salud mental. Reprimirse frente a la desublimacion represiva de la que nos hablaba Marcuse como característica del postcapitalismo es una reflexión necesaria a pesar de que suene a pensamiento reaccionario

También usted ha afirmado que los estudios de epidemiología psiquiátrica señalan a que la conciencia de clase, el capital social, es un remedio “que atempera la vulnerabilidad y aumenta la resistencia frente a la depresión por estrés laboral”. ¿Por qué? ¿Cómo actúa positivamente “el grado de reciprocidad y confianza en las relaciones formales e informales entre personas, que facilita la acción colectiva en búsqueda de beneficio mutuo”? Recordaba usted que un impecable estudio finlandés sobre 35.000 trabajadores mostró ese capital social como mejor preeditor de riesgo-protección para superar la crisis.

Se ignora a veces que los estudios de Elton Mayo que dieron cobertura a la ideología taylorista que liquidó la cultura de clase en las grandes industrias americanas es el estudio de un psicoanalista que reconvierte cualquier queja contra el capataz o el patrón en proyecciones de una mala imagen familiar. Sus largas entrevistas a las obreras de General Electric tiene un formato psicodinámico donde afirma que tras el odio de clase se trasluce los fantasmas edípicos de odio al padre. Es decir, el malestar en la fábrica sería un rencor vertido en la fábrica pero construido en lo familiar. Convertir a cada gerente en un psicólogo fue la receta que tanto éxito dio a la productividad taylorista: “tras cada demagogo hay un neurótico” fue la fórmula que permitió el tratamiento individualizado del malestar obrero etiquetado de resentimiento.

Los psicólogos de empresa buscan por ello identificar a esos sujetos inadaptados para desactivar cualquier colectivización o protesta que sume malestares, para tratar individuo a individuo esa “proyección” del sufrimiento intimo que se vierte en la fábrica

Unos pocos estudios analizan los colectivos activando su memoria colectiva, analizando lo que hay de común en las humillaciones de la cadena cuando hay que pedir permiso para ir a mear o cambiarse el támpax con independencia de la personalidad o la historia individual. En esa memoria grupal se descubre lo poco individualizada que es la neurosis del trabajador que vive como fatiga y daño físico-psíquico la reducción de su vida a tiempo de trabajo. Se puede incluso medir como aumentan los consumos de alcohol o las rupturas de pareja en relación a crisis laborales .

La miseria de las organizaciones sindicales se puede visualizar en su incapacidad para articular esos estudios que posibilitarían un relato colectivo del daño laboral sin reducirlo al esquema de estrés y laboral productos de depresión- ansiedad en función de la vulnerabilidad personal.

La cultura psicológica del norte de Europa conserva restos del antiguo pacto social que permitía sustituir la cogestión por medidas sindicales muy ligadas a la base que dejaron una magra cosecha de estudios sobre el papel protector de la asamblea en la higiene mental de los trabajadores frente a los comités de seguridad en el trabajo. En ese sentido los equivalentes empíricos de la conciencia de clase -asistencia a asambleas, participación en comités de salud laboral, construcción de redes amistosas desde la fabrica- suministran protección eficaz frente a bajas laborales por depresión- ansiedad

Apuntaba también usted en una carta al colectivo de Espai Marx que cuando alguien se siente acosado en una empresa su única defensa real son las relaciones horizontales con sus compañeros, con esas relaciones las que le pueden permitir analizar su sufrimiento en términos colectivos y encontrar apoyos reales en ese colectivo. ¿Qué tipo de apoyo puede encontrar un trabajador desesperado entre compañeros no menos desesperados en ocasiones?

La escucha de alguien que vive las propias condiciones laborales ya es terapéutica porque a diferencia de la escucha psicológica es una escucha enmarcada y no descontextualizada en la que se comparten valores y se puede actuar sobre la situación real que genera el malestar. De esa escucha siempre nacen formas de micro solidaridades que se traducen en pequeños actos de resistencia y sabotaje a los ritmos laborales o a los abusos de los de arriba. En un taller de calderería cuando entraba el ingeniero comenzaron a caer herramientas desde los andamios a su paso con lo que las visitas s e hicieron infrecuentes. Tras algunas cenas navideñas en unos astilleros gijoneses los coches de los encargados aparecieron pintarrajeados. Tras las fiestas de comadres en Gijón las obreras del textil se reafirmaron en no abandonar un encierro que duró años. De esos contactos esporádicos basados en escuchas mutuas, a salir del trabajo y compartir cotidianidad creando esas redes y esos vínculos que permiten construir un Nosotros y unas rutinas comunes no hay mucha distancia y me parece el único manual de supervivencia que conozco frente al individualismo que termina en una especie de narcisismo egotista en la que cualquier perdida afectiva lleva a la depresión.

Hace muy poco ha fallecido Carlos Castilla del Pino. ¿Qué ha significado Castilla del Pino en la historia reciente de la psiquiatría española?

Perdón por citarme pero he escrito un largo articulo sobre Castilla del que fui buen amigo que podéis reproducir en vuestro portal. En él por decirlo de forma sintética afirmo que mientras su figura era aclamada por la psiquiatría de izquierda durante sus reuniones, la práctica real de esos psiquiatras progresistas se correspondía mejor con la del gran psiquiatra del franquismo López Ibor . Este afirmó como tesis central que “las neurosis eran enfermedades del ánimo que no precisaban psicoterapia sino antidepresivos”. No hay apenas ningún neurótico hoy en España que no reciba dosis medio altas de antidepresivos de acuerdo con esas tesis. Como en tantas cosas el tirano dejo las cosas atadas y bien atadas y mientras en lo ideológico se alaba a Castilla en la practica se actúa con las ideas y la lógica del franquismo

Finalmente, hablando una vez más de memoria histórica, un psiquiatra militar, el señor Vallejo Nájera, calificó a los rojos españoles de enfermos mentales. Propuso tratarles como tales y creo que lo consiguió. ¿Era eso saber científico, ideología psiquiátrica, fanatismo envuelto en términos pseudocientíficos?

Vallejo Nájera fue una fiel expresión de las contradicciones del franquismo. Escribió textos sobre la simulación psiquiátrica que llevaron al paredón a bastantes rojos que trataban de hacerse pasar por locos, escupió sobre los internacionalistas con unos estudios epidemiológicos repugnantes, moralizó a mujeres y niños creando en los años cuarenta unas instituciones de represión llamadas Patronatos de Protección a la Mujer que vigilaban y castigaban las faltas al amoral monjil que el dictador impuso. Para colmo escribió un tratado de psiquiatría basado en la psicología de Santo Tomas de Aquino con apartados sobre la patología de la voluntad y otros disparates similares que fue obligado manual en las facultades de medicina franquistas.

Pero frente a la mayoría de la psiquiatría republicana no se apuntó por motivos religiosos a apoyar la eugenesia de los pacientes mentales que fue el crimen capital de la psiquiatría del siglo que entonces se iniciaba y que muchos de los científicos de izquierda con base en el darwinismo apoyaron. Lafora, el gran psiquiatra de la República, bien entrados los años cuarenta, aún defendía la esterilización de los pacientes mentales graves . Varios científicos e intelectuales de la Liga para la Reforma Sexual encabezada por Aurora Rodríguez aprobaban el “uso del gas ciclón para eliminar las vidas sin valor” .

En ese sentido yo he mantenido en algunos texto como hay muy poco que oponer a la psiquiatría fascista representada por Vallejo porque enfrente no hay ningún psiquiatra al servicio de la razón liberadora. Había una práctica psiquiátrica republicana defensora del manicomio provincial, una higiene mental basada en la eugenesia terrorífica, el tratamiento del pánico del soldado cercano al frente para reintegrarlos al matadero y un largo horror que hace difícilmente defendible la contradicción entre una psiquiatría fascista frente a otra de izquierda. Ambas formaban un totum revolutum en que había muy poco de bueno.

Gracias, gracias por su tiempo y por sus generosas y solidarias respuestas.


http://ingresoinvoluntario.blogspot.com/2009/09/entrevista-con-guillermo-rendueles.html